En nuestra excursión a la sierra de Cazorla, hemos disfrutado de un montón de actividades al aire libre. Y hemos aprendido cosas nuevas: cómo se hacen los mandalas y la berrea del ciervo en otoño.
Un año más hemos disfrutado de unas jornadas de convivencia en plena naturaleza, en las que recargamos las pilas y nos llevamos muy buenas experiencias. De todas, las que queremos destacar es la de hacer mandalas y la berrea del ciervo en otoño.
No es la primera vez que nos alojamos en la Huerta de Cañamares, un lugar precioso en plena Sierra de Cazorla, rodeado de pinos y de aire puro. Ha sido a principios de octubre, justo cuando el bosque está más bonito, con las hojas de los árboles de color amarillo y rojizo. Los arbustos también se llenan de bayas y de semillas de colores. Todo el campo parece sacado de un cuento.
Durante nuestra estancia, salimos a recoger todos esos pequeños tesoros del bosque para hacer mandalas naturales en grupo, con la ayuda de Rocío, nuestra monitora. Utilizamos hojas, piñas, ramas, flores, palitos…, ¡de todo! para realizar composiciones chulísimas. Tuvimos que elegir cosas de diferentes formas y colores…, y ¡ahí sacamos toda nuestra creatividad, que no es poca!.


Hacer mandalas nos encanta, porque, además, mientras los estás montando, pones toda tu atención en eso y te relajas mucho. Y también nos ha servido para mejorar la motricidad. Vaya, que tiene ¡un montón de beneficios!
La berrea del ciervo y mucha diversión
En la Huerta de Cañamares también disfrutamos mucho dando de comer a los animales de la granja: burros, gallinas y cabras que estaban tan encantados como nosotros. Y pasamos ratos muy divertidos jugando a la petanca y practicando tiro con arco. Además, participamos en talleres de pintura y aprendimos a hacer sales de baño.
Con Joaquín, nuestro guía, hicimos excursiones por el bosque, y nos enseñó a reconocer algunos árboles y plantas. Pero lo que más nos encantó fue escuchar la berrea de los ciervos. Vimos algunos de ellos en nuestra salida al Puente de las Herrerías, ¡también vimos gamos!, ¡y marranos jabalíes!

Joaquín nos explicó que esos berridos de los ciervos los hacen los machos en la época de celo, para llamar a las hembras y para marcar su territorio. Son tan potentes que se escuchan a larga distancia, Y, cuando se encuentran varios machos, hacen competiciones entre ellos para ver quién es más fuerte. En estos encontronazos, chocan sus cornamentas con tanto ímpetu que algunos se las llegan a romper. Es un espectáculo que solo ocurre una vez al año, y es algo increíble escuchar esos berridos retumbando en el bosque.



Así, felices, relajados y llenos de energía, volvimos a casa, con nuestras manos manchadas de colores y la cabeza llena de recuerdos bonitos. Cañamares siempre nos enseña algo nuevo, como los mandalas y la berrea del ciervo en otoño. ¡Seguro que repetiremos!

